domingo, 18 de diciembre de 2011

Desesperación

In this world of troubles, my music pulls me through.


Más Agosto que nunca. Frío. Ese frío que ella desearía que se viva todos los días en vez de soportar este calor que le saca desquicio y le hace sudar más de lo normal. Había resucitado, pero aún no vivía. En ese entonces, era deprimente levantarse por su madre con un vaso de agua en la mano y en la otra con una píldora, mientras veía el cielo gris desde su ventana. No hay nada que hacer. Ella recuerda esos días como si hubiese sido un sueño, como si fuese la continuación de una película de la cual uno se pregunta siempre qué sucede luego del final. Luego de un final trágico.

Desempolvando ciertas cajas viejas, encontró a Renato. No era una caja del todo vieja, pero cuando sintió ese golpe en su espalda de un lápiz recien tajado, una caja se abrió. Al voltear y mirarlo por primera vez, sintió que todo realmente le tembló. Miró a su costado y Arlene estaba sacando su lapicero imponiendo su zurdura en esa clase que luego se convirtió en su favorita, aun no era muy amiga suya como para hacerle ese comentario picaresco que había visto un niño bonito. Escuchó la voz de Renato por primera vez diciéndole que le pase el lapicero de una forma muy poco amable. Ella volteó con el ceño fruncido para mandarle esa mirada de desprecio, sobre todo si se trataba de un hombre. Sobre todo si tenía enamorado. Jamás había entendido esa actitud tan repelente hacia ellos. Pero lo miró por primera vez y, bueno...el resto, las emociones, la sangre que empezó a circular más rápido de lo normal, ya no necesita descripción. Lo bizarro era que estaba con enamorado. Y era el primer chico que le movía el piso estando con él. Dicen por ahí que si te gustan dos personas, en realidad no te gusta tanto la primera, porque sino, no te hubiese movido el piso la segunda. Así dicen, así dicen.

Renato le escribía todos los días desde que salieron de vacaciones. Ella estaba viviendo el fin, sabiendo que era el fin de su relación. No sé si Renato se las olía, pero él le escribía con más frecuencia y coincidentemente, ella quebraba más lo que quedaba de esa relación tormentosa. Ella no se explicaba por qué Renato preguntaba cada vez más por ella, mientras le respondía que no podía verlo o mientras leía sus saludos y sus preguntas de por qué no le respondía. La última vez que Renato la vió, ella estaba más que borracha en su casa. Una noche que ella no recuerda bien. Renato odiaba el alcohol y odiaba a las chicas que hacían papelones como el cual ella había hecho esa noche. Lo único que recuerda bien, fue ese momento en el cual ella fue a la cocina con Renato y se empezaron a bromear como lo solían hacer a escondidas. Esas bromas picarescas que a veces hacían sin que los demás los escuchen. Pero a veces, esos comentarios de "eres demasiado bonita" o "hoy te pongo un diez", eran inevitables. Pero solo veían miradas perdidas y desentendidas cuando terceros presenciaban ese intercambio de cumplidos entre ambos en esa clase, que siempre será su favorita.

Con el pijama eternamente babeado, unos cuantos kilos menos por no comer y sin restos de maquillaje por no salir, decidió responder a Renato, diciéndole para verlo en esa semana. No sabía lo que hacía, pero después de todo, él había sido el primero en leer esas palabras tipeadas con mezcla de lágrimas cuando regreso luego de ponerle el verdadero y único punto final a esa pesadilla. Una salida de amigos, nada más. ¿Qué podía ser? Luego de un par de canceladas, un día Lola decidió ponerse un vestido celeste, panties negras, botas grises y maquillarse con los ojos bien negros como siempre lo había hecho. Después de todo, si iría con otras intenciones, no se maquillaría porque sabe que a él no le gustan las chicas maquilladas. Solo conversarían como buenos amigos, como él siempre le había dicho. Cuando se subió al carro camino a su casa, se dio cuenta, que ese carro le iba a llevar a un destino algo...distinto. Algo iba a pasar.

Se miró en el espejo de ascensor mientras marcaban los números de izquierda a derecha como un péndulo
. Era algo hipnotizante, hasta que en el número 17 paró. El Vuelo 17 despegó y vió una sombra negra detrás de la puerta. Él le abrió la puerta sonriente con su mascota en manos. Se acercó para darle un beso en la mejilla y él la abrazó sabiendo lo duro que estaba siendo todo. Él sabía muy bien de estas cosas, sí que lo sabía.Entró a esa casa blanca que de día se veía mucho más bonita y lujosa que en esa noche donde la cabeza le daba miles de vueltas. Estaban solos, completamente solos. Y a diferencia de ese día que estuvo con sus amigas en la azotea de su penthouse, esta vez la agarró del brazo y la llevó a su cuarto. Notó su cara de confundida y le dijo que si quería podían ir a la sala. Ella timidamente negó con la cabeza y se quedó  parada mirando el sintetizador. Él noto su interés.

-Te tocaré algo para que te sientas más cómoda.- él le dijo sonriente. ¿Cómo era posible que sea tan tierno?
-Escucharte tocar. Extrañaba eso.- le dijo ella medio risueña.

Empezó a tocar cosas totalmente aleatorias y le vinieron a la mente todos esos recuerdos de su primer ciclo. Un primer ciclo que realmente ella no iba a olvidar por estar ahí sin estar ahí. Por la manera de que ella dejaba que los tormentos se queden dentro de ella hasta en los momentos menos indicados. La película que pasaba dentro de su cabeza paró abruptamente con su voz.

-Esta canción, mi profesora me dijo, que la toque a la chica que me guste. Que todas se enamorarán de mi cuando la toque.- lo dijo con ese aire tan orgulloso como siempre lo había tenido.
-¿Ah si? Graciosito estás.- le dijo Lola riéndose como niña nerviosa. No solo recordaba ese ciclo "desperdiciado", sino cómo él le movía el piso. No solo lo recordaba, ¿lo estaba sintiendo?
Toco su canción para "enamorar". La letra era evidentemente superficial. La melodía era preciosa. Lola se sumergía en los recuerdos que volvían a ser sentimientos. Miraba su perfil a contraluz con la ventana que estaba a su costado y se veía todo Miraflores tan gris. Era tan...
-¿Qué tal? ¿Te gustó?- lo dijo usando ese tono de voz que raras veces lo había escuchado así...
-No me has enamorado, mongo.- le dijo Lola con ese aire de invencible, denotando para ella misma, que no lo era frente a él.

Pasaron toda ese día conversando, luego de que él la invite a sentarse en su cama y ella obedeció timidamente. Fue genial como lo iba a dejar de ver mientras mas oscurecía y ese sol inexistente que solo hacía que el cielo se vea gris, desaparecía y ahora lo que alumbraba su rostro, eran las luces naranjas de todo Lima. Ella le conto cada detalle sobre su relación anterior, lo terrible que fue cómo era morir día a día, no solo por las desilusiones, sino porque ella pensaba sentir, que a pesar de todo, lo seguía amando. En su cara veía algo más que una escucha, más allá de comprensión o entendimiento. Ella pensaba que así se debían de sentir las personas que le contaban algo a ella, ella siempre estaba en esa actitud de un interés infinito hacia los demás, pero no se había sentido así jamás en frente de otra persona. Ella siente que puede escuchar, pero que nadie la escucha. Se había resignado que eso no era necesario, pero él...

-Mira qué hermoso está el cielo, Lola.- le dijo echándose al costado de sus piernas y mirando todo el cielo magenta combinado por las luces naranjas de Lima.
-La vista desde tu cuarto es increíble, en serio.- le dijo ella nerviosa por la manera que él se echó a su costado.
-Tú lo eres también. En serio no sabes cuánto te entiendo por todo lo que me has contado. Yo he pasado por cosas similares Felizmente ya se acabó todo.- le dijo él acurrucándose en sus piernas y frotándose tiernamente. Ella se quedó inmutada, jamás había hecho algo así o lo había visto haciendo algo así. Okey, ¿era un gilero pendejo o simplemente le nació hacer eso?
-Oe, ¡suave!- le dijo ella apartándolo. Tan cagona como siempre.
-¿Qué tiene de malo que haga eso?- le dijo extrañado por su actitud tan repelente, pero a la vez no le sorprendió.- solo me estoy acurrucando, Lola.
-¡Já! Coqueto eres, Renato...- le dijo ella riéndose y optando por dejarlo hacer eso, después de todo eran amigos, ¿no? Pero esperen, ¿qué carajos hacía ella ahí, a las seis de la tarde, viendo el atardecer en Lima con él? Algo raro estaba pasando, o al menos ella lo presentía.
-Lo que tú digas, Lola, lo que tu digas...- le dijo él mientras seguía frotándose en ella. A la mierda todo, ella también se echó a su lado, de tal manera que corto la sesión cariñosa y empezó a mirar el cielo desde esa altura.
-De igual manera, no podrías ser coqueto conmigo, porque yo tengo todo lo que odias en una chica.- dijo Lola muy convencida, pero sabiendo que esas frases iban a su favor, esperando que la otra persona diga todo lo contrario. Derrepente, el levantó la cabeza desconcertado.
-¿Qué dices? ¿Por qué piensas eso?- le dijo con una cara de confundido. Okey, esto ya era muy raro. Verdaderamente ella tenía todo lo que él odiaba en una chica. ¿Por qué hacía eso? O es que la veía como un paño de lágrimas, o para usarla, pero no...a Lola jamás la habían visto de esa manera y sería el colmo que Renato, su amigo, la vea así. Quizás Lola solo estaba exagerando las cosas y así se comportaba con todas sus amigas.
-Pues porque, tu odias a todas las chicas que se maquillan porque es "contranatura", y tú sabes muy bien que me maquillo y me gusta.- le dijo ella preparada a nombrar todas las razones por las cuales no podrían estar juntos.
-Pero, tú...a ti se te ve distinta. Sin bromas, Lola, a ti se te ve muy linda con maquillaje. Sobre todo en los ojos. Tus ojos...- le dijo él mirándola fijamente a los ojos, se estaba empezando a perder ahí.
-Okey, pero yo fumo, tomo, hasta me he drogado y tu estás totalmente en contra de eso, cabeza cuadriculada.- le dijo con ese humor negro, burlándose de él, para tratar de tapar la emoción que había causado al escuchar sus palabras anteriores.
-¿Y? O sea, en verdad acepto que soy una mente cerrada, pero no sé, al entrar a la Católica sentí que mi mente se fue abriendo de a porrasos, sobre todo cuando te escuchaba hablar a ti. Tú y tus experiencias de chica europea.- lo dijo riéndose. Esto no podía ser posible. Todos esos impedimentos y todos los por qués ella veía a Renato tan imposible y tan platónico se habían difuminado. Ella siempre vió a Renato como un chico demasiado lindo desde la primera vez, pero desgraciadamente, no compatían y tampoco se complementaban.
-Así que no hay "peros" en nuestra relación.- le dijo ella riéndose y cambiando el tono de voz. Oh no Lola, no de nuevo.
-Pues sí, ¿alguna otra razón por la cual no podríamos estar juntos?- le dijo él retándola y acurrucándose en su brazo.
-Pues, no. Ninguna.- le dijo ella mirándolo dulcemente. Una puerta se cerraba, otra se abría. No podía creer lo que sucedía.
-¿Quieres ser mi enamorada?- le dijo él acurrucado en su brazo.
-Ya pe, por qué no.- le dijo ella riéndose, denotando, OBVIAMENTE, que era broma todo eso. O al menos eso quería ella.
Silencio por unos cinco minutos. Estuvieron viendo el cielo magenta. No dijeron nada. Ese silencio y la ausencia de esa risa quebradora, decía algo más. ¿Qué carajos sucedía? Ella definitivamente quería estar sola. Estaba enferma de las relaciones, además hace tres o dos semanas recién había salido de una horrible y definitivamente, ella no era de ir desperdiciando emociones o de las personas que necesitan desconsoladamente saber que alguien se está arrastrando por ellas y para derramar tantas cursilerías simplemente por buscar afecto en una soledad que no se tapa con personas. Ella no era así y nunca lo había sido. Esto no iba a ser una excepción. Ella necesitaba un buen descanso de estas huevadas. Se empezó a reír de todas las cosas que empezaron a rodar en su cabeza. Quizás todo esto era una simple joda y nada más.
-Ya, Renato no te hagas. En la vida estaríamos juntos. Además, ¿enamorados? En serio no quiero estar con alguien por un buen tiempo.- le dijo ella poniendo un tono más serio.
-Oh claro, Lola, eso lo entiendo perfectamente. Era solo una broma, ¿verdad?- Broma, las bolas de Lola. -¿vamos a caminar por el malecón?

Ni fumo, ni tomo, ni bailo pegado
ni fumo, ni tomo, ni bailo pegadito.
(Oeste - La Lá)

La cabeza de Lola le empezó a arder los siguientes días. El corazón le latía más rápido de costumbre y cada mañana que despertaba no podía dejar de pensar en Renato. ¿Qué carajos le sucedía? Ahora ella no se despertaba medio muerta, medio viva en las mañanas para tomar sus pastillas. Ella se despertaba, cogía el celular al lado de su cama y este día, decidió hacer algo más que mirar la hora: le mandó un mensaje.

Lola decidió dejar de lado todos esos protocolos idiotas de esperar que el hombre de el primer paso (¿Primer paso en qué?). Ella quería algo, y cuando ella quiere algo, siempre lo consigue. Eso suena a capricho, pero sí, era un capricho y si no hacía algo luego iba a empeorar con toda esa cuestión.¿Qué quería ella? Pues lo quería a él, así de simple. Lo quiso desde un comienzo, y no se pudo porque tenía enamorado. Bueno, seamos sinceros, ella no lo quiso desde el comienzo porque en verdad, tenía una barrera frente a ella y segundo, vió que simplemente no se complementaban, lo cual fue un punto a favor hacia esa mierda de relación que tenía. Llámenlo paño de lágrimas, desesperación, o lo que sea, pero ella solo sabía que lo quería a él, sea como sea, ese día iba a ser el día. Y ella no iba a pegar un ojo si es que no lo veía hoy. ¿Solo verlo? Já.

De pronto, a las nueve de la noche, nuevamente se encontraba subiendo al piso diecisiete. ¿Tomaba de nuevo el vuelo? No, ya lo había tomado desde ese día por primera vez. Para que esté yendo a esas horas a su casa, creo que era evidente la desesperación y las ganas insaciables. Esto no era normal, pero Lola definitivamente, no era la chica de quedarse con esas ganas. Mandaba a la mierda el orgullo y ponía por delante lo que ella se proponía. Esta vez no había sombra negra cuando se abrió la puerta del ascensor.

La puerta estaba abierta y todo estaba oscuro. Recordó el día que terminó muy ebria porque así estaba de oscuro cuando entró por primera vez a su casa. Miró a la sala y no había nadie. Miro al costado, y por el pasillo había una luz que salía desde su cuarto. Entró tímidamente y lo vió configurando una nueva computadora. Volteó a mirarla y puso una cara de "llegaste"...se sentía tan puta, pero no le importo. A estas alturas ya no importaba nada, ya estaba ahí y era lo que había deseado desde hace varios días.

-Estoy enferma, no me des un beso.- le dijo ella no porque lo decía en serio (en verdad sí estaba enferma), sino como parte de sus frases que esperar y requieren una respuesta correcta.
-No me importa.- dijo él riéndose y abrazándola. Ese aroma le hacía recordar mucho al primero.
-Es en serio, estoy enferma y me han salido puntos en el vientre. Es como una varicela.- le dijo ella siendo más cagona. A veces ella no distinguía cuando era cagona a propósito o si ya era algo natural.
-Te diría para verlos, pero no creo que quieras, ¿cierto?- le dijo poniendo esa mirada picaresca que a veces ponía cuando hacían sus bromas.
Ella solo se río y procedió a sentarse en su cama sin que él le de permiso. La sangre corría más rápido que catarata cayendo por todas sus venas.Él volteó a seguir configurando su computadora y cuando volteó nuevamente a hablarle, ella ya estaba echada, acomodándose el cabello coquetamente. Él inmutado se le quedó viendo...
-¿Sabes? Creo que es época de renacer. No quiero ningún enamorado, pero no puedo negar ciertas cosas en mí. Estoy bien sola, pero así es lo mejor. Sola, pero puedo estar bien acompañada. -le dijo ella mientras se agarraba el pelo y movía las cejas a más no poder. Se había delineado como nunca los ojos, con una perfección que jamás volvió a repetir. Pero vió su cara de desconcierto.
-¿Qué fue? ¿A qué viene todo esto, Lola?- le dijo él sorprendido por todo lo que decía. En ese momento, se dio cuenta que estaba yendo demasiado lejos. Las ganas y la desesperación la estaban dominando peor que una mascota. Estaba totalmente domada por sus impulsos y se estaba olvidando de la razón. ¿Y el por qué se hacía al desentendido? Quizás ella estaba confundiendo todo en la cordura de su locura. Quizás todas las cosas que se había replanteado respecto a él, en realidad no tenían fundamento alguno y solo se quedo en pura broma. Pero, ella estaba consciente de que había pasado algo más, ella lo sabía. ¿Estaba a caso jugando con ella?
-Nada, nada, olvídalo.- le dijo ella muy apenada e incorporándose y volviendo a ser la misma de antes. Algo se quebró en ella.¿La estaban cagado ahora a Lola?
Él vió su cara de confundida y se echó a su lado con los pies en la cabecera y boca abajo. Empezó a sobarse nuevamente con sus piernas. Lola se estaba muriendo por dentro, ¿qué era lo que pretendía? Temerosa procedió a echarse a su lado, también como excusa para cortar ese contacto físico del cual ella no estaba acostumbrada que haga un amigo cualquiera...creo que por eso estaba confundiéndose. Pero tampoco es del todo normal esas muestras de cariño a cualquier persona, ¿no? Ese alejamiento fue fallido, ya que cuando ella se echo a su lado, empezo a frotarse con más ganas y acurrucarse en su brazo.
-Lola, ¿alguna vez has jugado botella borracha?- le dijo él mirándola a los ojos esta vez. Lola no pudo evitar voltear sus ojos y reírse para sí misma por esa pregunta tan infantil.
-Pues, claro. Creo que esa fue una de las pocas maneras que logre agarrar con chicos sin conocerlos. Y bueno sin contar...
-Solo te preguntaba. Yo nunca he jugado, con las justas he besado a 3 o 4 chicas en mi vida, creo.- Le dijo él cortando toda sus historias. Ella cuando escucho esas cosas se le enternecía todo lo que llevaba dentro y él parecía, por el contrario, apenado en contarle todo eso. Se volvió a acurrucar en ella tratando de finalizar el tema.
-¡Qué coqueto eres, Renato!- le dijo ella riéndose y dejándolo acurrucarse de esa forma, después de todo, creo que para eso había ido, ¿cierto?
-No soy coqueto, pero si tú lo dices...- lo dijo ahora acercándose a su cuello y acurrucándose ahí. Ella estaba en pleno éxtasis sensorial. Con él sentía el contacto físico como nunca, ni como el primero que era el símbolo total de la ausencia de ese contacto y bueno, ni qué decir del segundo, que sinceramente, nunca se vió muy atraída del todo por el físico sin caer en la superficialidad. Pero con él había algo más.

-Esto es ser coqueto, Lola.- le dijo aguerridamente y la sujetó por la cadera y la volteó boca arriba y el se encontraba encima de ella. Los latidos del corazón de Lola nunca habían corrido de una manera tan veloz. Pasaron muchas cosas por su cabeza: estaba jugando con fuego nuevamente. O al menos eso creía. ¿Es que Renato era un pendejo? No, eso no puede ser posible. Él es absolutamente todo lo contrario, pero puede que sea así con todas sus amigas ... no, no creo.
Renato vió los ojos desorbitados de Lola, de miedo, de arrepentimiento por haber llegado tan lejos.
-Perdóname, Lola. En serio lo siento mucho...- le dijo él dejándola ir. Ella rápidamente se volteó y de nuevo se sentó. Su mente estaba en blanco por tener tantas cosas a la vez y no poderlas poner orden.
-¿Que fue oye?- le dijo ella dudosa y mirándolo a los ojos. ¿Le había gustado que haga eso a caso?
-Nada, no fue nada. Perdóname.- la agarró de las manos e hizo que se echara dándole la espalda. La empezó a abrazar, acariciar el cabello y pedirle perdón innumerables veces al oído. Lola se había teletransportado a otra dimensión: no sabía si era por todo lo que Renato estaba haciendo con ella o porque empezó a darse cuenta que estaba jugando con fuego. Era una mezcla.
-¿Por qué me pides perdón? ¿Esto no haces con todas tus amigas? ¿Eres así de coqueto con todo el mundo? ¿Qué es lo que tramas?- le dijo ella ya entrando en consciencia y volteando a mirarlo. Silencio largo.
-Tú sabes, Lola...yo no soy de hacer este tipo de cosas, no soy así. Nunca lo he sido.- le dijo él temeroso por decir esas cosas, de trasfondo se sentía el miedo de quedar como un mongo por no ser un "pendejo", pero si él supiera que ella desfallecía por ese tipo de chicos.
-¿Y así eres de cariñoso con tus amigas? ¿Como lo estás siendo conmigo?- le dijo ella todavía cuestionándolo.
-Lola...- le dijo él volteándola nuevamente a la misma posición de hace unos minutos. Ella ya no puso la misma cara desencajada de antes.- me estás confundiendo. Y mi respuesta es no. No sé qué sucede.
-Tú también lo estás haciendo conmigo. Me estás confundiendo mucho. - le dijo Lola terminando la ultima palabra en su boca. Sintió como a la primera su lengua entró en su boca y como ella hizo lo mismo con la suya. Nisiquiera empezó como un besito de rozar simplemente los labios, empezó como un beso muy apasionado, fogoso y sus manos recorrían todo su cuerpo. Ella hacía lo mismo con su pecho, con sus brazos. Los besos empezaron a ser más apasionados, ella mordía sus labios, esos labios que ella había soñado desde hace mucho besar y ella también estaba segura, que por la respuesta que obtenía, que él también quería lo mismo con ella. Él bajaba sus manos suavemente de su cintura a su cadera, bajo su boca su cuello, mientras que ella agarraba su hombro fuertemente tratando de contener todos esos sonidos reprimidos.Él volvió a buscar su boca como si ahí fuese su lugar nuevamente, siguieron besándose por largo rato. Ella sentía como todas sus mejillas se ponían rojas por sentir esos movimientos pélvicos sutiles que empezó a sentir y algo más entre sus piernas. Esto ya se estaba escapando de las manos...Lola lo empujó abruptamente volviendo a la realidad.
-¡¿Qué mierda te sucede?!- le dijo ella muy asustada, pero de alguna forma exagerándolo para imponer desconcierto y ladyness. Nunca tan fácil.
-¡No sé, no sé!- le dijo él parándose de la cama y agarrándose la cabeza. Empezó a caminar de un lado a otro.
-¿Qué estamos haciendo, Renato?- le dijo ella ya más tranquila y mirándolo inocentemente.
-No sé...solo hay una manera de saberlo.- le dijo él mirándola fijamente. Apagó las luces y se lanzó sobre ella salvajemente.
Siguieron con los besos desesperados como si en algún momento se acabaría el fin del mundo. Su boca empezó a bajar nuevamente hacia su cuello y cada vez más abajo. Ella estaba a punto de gemir descontroladamente, hasta que volvió a la realidad de golpe.
-¡Renato, no! Para, para...- le decía ella gritando y sus gritos eran apagados por el placer que la dominaba. - ¡Renato, no! ¡Ya para!
-Esta bien, perdón.- le dijo él parándose y prendiendo la luz. Por alguna extraña razón, a Lola le gustaba que siguiera con esos besos por más que le pedía que parara.
-Ya mira, hay que sincerarnos. Renato tú...tú me gustas mucho. Siempre lo has hecho.- le dijo ella mirándolo y dispuesta a soltar todo lo que sentía por él ya que vió que había una respuesta.
-Tú también Lola, Me gustas, pero yo nunca te ví como algo posible porque estabas con ese huevón...o sea, eres demasiado, pero demasiado bonita e inteligente, pero nunca te ví como algo posible. Eras un platónico, por eso nunca deje fluir algo más por ti.- le dijo él mirándola profundamente a los ojos. Ella no podía creer todo lo que escuchaba.
-Ya, Renato, ¡tú también me gustabas demasiado! Y yo también te ví como algo imposible, o sea pensé que nunca te fijarías en mí por lo que me contabas...todos tus prejuicio...- le dijo ella bajando el rostro.
-¿Nunca fijarme en ti? Ni el más loco no lo haría...- le dijo él acariciándola y trayéndola hacia él y abrazándola.
-Todo lo que conversamos la última vez, definitivamente me abrió la mente y de lo que ibas a ser un eterno platónico te convertiste en algo...posible.- le dijo ella acercándose a él y rozando sus labios. Esto era increíble.
-Desde mi punto de vista fue todo lo contrario...yo pensé que definitivamente no querías nada conmigo. Te mostraste tan segura de tu posición, pero cuando viniste ahora, no sé, sabía que algo pasaría. Lola...- le dijo él poniéndose encima de ella y apagando la luz con otra mano y procedieron a besarse más. Esta vez los besos fueron más tiernos y más allá de la lujuria y lo físico, había un sentimiento, pero más allá de sentimiento, se notaban latentes esas ganas, ese beso que moría por hacerse realidad, las caricias que finalmente eran concluidas.
-Renato, te quiero mucho. No quiero cagar nuestra amistad. Es lo que menos deseo.- le dijo ella parando los besos nuevamente. Lola los paraba cuando sentía que ya estaban saliendo de ese límite invisible que ella había trazado en su vida que supuestamente no tenía límites. Cuando jugaba con fuego, al final, era algo cautelosa.
-Yo tampoco deseo eso, Lola. Pucha, ahora que dirán los demás cuando se enteren.- dijo él moviendo su cabello hacia atrás. Ella enloquecía con ese cabello negro, lacio y con ese corte que le encantaba.
-No voy a negar que eso también me importa, pero...tú sabes, yo no quiero...
-Lo sé, no quieres estar con nadie. Pero esto, ¿esto no te gusta? Tú me gustas, yo te gusto.- le dijo él acaricándole el cabello y besándola suavemente.
-¡Claro que me gusta! Era algo que estaba esperando desde hace mucho. Renato tú me gustaste desde el comienzo y fue un gusto, un gusto que me movió el piso.- le dijo ella sonrojándose, mientras que a él se le abría la boca al escuchar todo eso.
-Woow, Lola...no puedo creerlo en serio. Pero, ¿por qué no hiciste algo? Yo no podía hacer nada. Tan solo recuerdo que me quedé pensando en ti desde ese día que estuviste en mi casa con las demás...que dudo mucho que te acuerdes, pero en serio, estabas tan linda.- le dijo él riéndose. Lola estaba desconcertada, el detestaba ver a chicas borrachas.
-Renato, a ti no te gusta ver a las chicas tomando y mucho menos borrachas. Es más, tienes un trauma a raíz de eso.- le dijo ella frunciendo el ceño.
-Lo sé, lo sé, pero tú... tenías algo que, no sé. A mi también me sorprende mucho que me haya parecido tan linda una chica que minutos más tarde estaba vomitando en el carro de sus padres.- le dijo él riéndose y haciéndole cosquillas mientras le besaba el cuello. Lola se reía.

Hablando de padres...empezó a sonar el celular de Lola. Lola miró a Renato con un cara de tristeza y de no querer que ese momento tan anhelado se acabe. Renato tan solo se le quedó mirando y procedió a pararse y ponerse su casaca de cuero para acompañarla. La estaban esperando abajo, ahí, en lo terrenal.
-Te voy a extrañar.- le dijo ella sin aguantarse más y lanzándose sobre él a darle un abrazo más y a besarlo tiernamente.
-Yo también Lola, yo también. Mierda, y ni una clase juntos...- le dijo él besándole todo el rostro.
-Pásame tu horario, ¿cuándo nos veríamos?- le dijo ella agarrándole las manos y con una cara de que tenía que volver a la realidad.
-Mañana, pasado, todos los días, todos los días.- le dijo él abrazándola y besándola suavemente.

Pero es que a la primera persona que me ayude a sentir otra vez
pienso entregarle mi vida, pienso entregarle mi fe, 
aunque si no eres la persona que soñaba para qué 
(¿qué voy a hacer? nada).

Estuvieron en el ascensor callados cada uno en cada esquina, mirándose y escondiendo las caras, porque el ambiente ya era otro, ya no estaban allá, arriba. Lola no se pudo aguantar y fue hacia él. Lo abrazó y se escondió en su pecho por unos segundos.
-Renato...- le dijo alzando la mirada.
-Dime, Lola.- le dijo él perdiéndose en sus ojos.
-¿Qué somos?- le dijo ella buscando algo más en los suyos.
-Somos lo que tenía que pasar. Y es que era inminente. - y se acercó por última vez a besarla en los labios, esos labios que se buscarían desesperádamente hasta el lunes. La gravedad los presionaba, y es que habían llegado al primer piso, a lo terrenal.

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