domingo, 3 de abril de 2011

Éxodo y Génesis

Odio desaparecer. No tiendo a desaparecer, tampoco digo que lo he hecho. Quizás abandoné este espacio por exactamente un mes. Digo "quizás" porque no se que nombre ponerle a lo hice este mes. Y si, coincidentemente un mes exactamente deje el blog tal cual, intacto. Y no es que haya querido dejarlo, simplemente fue derrepente.

Justo este mes en el que pasan tantas cosas, mucho que contar, tanto por escribir, abandono por completo el blog, abandono el vicio exquisito del teclado y pierdo mis lentes.

Lo abandoné en ese lapso de la gran espera, la más excitante víspera, más excitada que un niño en Nochebuena 5 minutos antes de Navidad. Comencé desde 0, desde -1. Podía elegir quien quería ser, podía elegir todo, amistades, vida, qué hacer o no hacer, pero elegí ser lo que en noviembre comencé, un camino sin saber a donde me dirijo, pero con esas ganas interminables de jamás abandonar o desaparecer.

Ahora que tecleo nuevamente -como siempre, sin dirección alguna, sin borradores- acabo de hacer una comparación mental del mes de marzo con dos libros del Pentateuco: Génesis y Éxodo.

Aunque extrañamanete, tendría que decir que invierto el orden en mi caso. Alegre, excitada, busqué salir, safarme, escapar de mi realidad burbuja. Quizás escapé de manera muy radical y me convertí en una simple espectadora. Decidí que ese estilo de vida no es mío, en verdad, ¿tengo, a caso, estilo de vida? Ignoren mis dudas existenciales.

Quizás mis amigos inolvidables del colegio se dieron cuenta de ese escape, de ese sentimiento de cuasi extranjera que emanaba cada vez que hablaba con ellos. Ahora que me siento a teclear, los recuerdo con muchísima nostalgia y cariño. Siempre supe que ellos iban a ser esos amigos de toda la vida, y ahora con mucha más razón me siento más segura de ello, solo que ahora vivo ese instante en que acepto ese hecho.

Pero dejando de lado mis nostalgia escolar -más bien, de amistades, porque poco extraño el colegio y mucho menos ese estilo de vida donde jamás distinguí lo complicado de lo simple- entro a una vida donde todo depende de uno mismo, donde todos nos convertimos en yo-yo. Escapé sin olvidarme nada mío, nada de mí. Escapé con las maletas llenas, con la cabeza rebalsando de dudas, expectativas y ansias. Escapé completa y por completar. Fue el gran escape, fue el éxodo. Dejé todo esa vida desterrada, me senté con el público, con un un pioner en la mano, con un resaltador, maleta de colores, cajetilla compartida y delineador en los ojos. Esa soy yo, la que siempre fui, soy y seré. Comencé mi vida universitaria, sin ninguna regla que me restrinja ser tal cual como yo fisico y mentalmente.

Energía del punto cero.


"Toda materia no es más que una modificación del vacío."


Resignada al haber jalado todos los introductorios, mis esperanzas y mi emoción para el gran día estaban en decadencia. Recuerdo haber estado con A. de regreso a casa en el carro. Me dijo en broma que el lunes comenzaría mis clases con la gente huevera. Yo le repetía eso a cada rato ya con las esperanzas casi nulas, pero, él, claro, tenía que rematarla. Lo miré con dolor y el se dio cuenta inmediatamente y se disculpó. Bueno, no era su culpa, esa idea ya esaba impregnada en mi cabeza. ¿A caso comenzaba con el pie izquierdo, por decirlo así?

Un día antes, como una niña emocionada para su primer día de clases primarioso, puse mis cosas en mi cartera dejando todo listo. Sentía esas ganas de poner más cosas, tan precavida, sin preocupación alguna. El sentimiento de "ay, cachimba tonta" me retenía por segundos, pero la ilusión era aún más grande. Tan emocionada estaba, que dormí temprano. Milagro.

Al día siguiente me levanté antes de las 6 sin que nadie me avise. Me cambié, me maquillé rapidamente. Mientras me miraba en el espejo de mi velador frente a mi cama, me perfumaba todo el cuerpo en exceso como de costumbre.
-¿Sabes con quienes vas a estar desde ahora, verdad?- dijo mi mamá apareciendo a mi costado viendo como su hija ya no se arreglaba la corbata del uniforme, sino el maquillaje para la universidad.
-Con toda la gente estúpida que jaló ...- dije yo hasta que ella nuevamente me cortó.
-No, hija. ¿Cómo crees que ha ingresado todo esa gente?- me dijo ella mirándome extrañada por lo que decía.
-¿ITS?- dije yo con cara de "sí, somos estúpidos, acéptalo".
-Exactamente, todos esos chicos han sido al igual que tú, los mejores en sus respectivos colegios. Tú ya no eres la única aquí, la compentencia ya sera un exceso desde ahora. Es la Católica, hija, recuérdalo. No son esas otras universidad particulares.

Me quede sin respiración. Sonreí maliciosamente y también emocionada. Competencia, emoción, esfuerzo, difícil: eso si que sonaba a lo que verdaderamente es vida. Después de todo, ella tenía razón, no cualquier universidad, tanto los que habíamos ingresado directamente, como los de examen de admisión, nos hemos roto el lomo para ingresar a la mejor universidad del país.

Mientras estaba en el carro con mi papá, recordaba mi primer post en este blog: "En unos meses pisaré la PUCP no como escolar para visitas guiadas o para ir a charlas vocacionales, sino como una alumna". Recordé también mis ansias de ingresar a esta universidad desde que tengo memoria y que mientras mas crecía y aprendía, mas me aseguraba en mi posición y en mi decisión de estar en la PUCP a penas salga del colegio. Después de haber cumplido cada cosa que quería en el colegio, donde todo era simple, cumplí hasta mi más deseado sueño: estar en la PUCP. Si logré todo lo que me proponía a mis cortos 17 años, ¿por qué no seguir haciéndolo? No soy Paulo Coehlo, pero en verdad, todo se logra cuando verdaderamente lo quieres lograr against the odds.

Punto cero. Ingresé a la PUCP enseñando mi carnet de admitidos, tapando mi foto por agarrarlo firmemente y no hacer ninguna torpeza como que se me caiga el carnet y los de seguridad me dijeron duramente que muestre mi foto. Mientras caminaba por el Tontódromo, comprendía por qué se llamaba así: más aún si caminas a las 6:45 a.m con la universidad vacía aún, creo que no hay excepción, pero absolutamente todos los estudiantes de la universidad habrán filosofeado sobre su vida en ese trayecto, dudas existenciales y/o soñado alguna vez en su vida ahí.

Meditaba. Puedo elegir todo desde ahora. Puede elegir ser una chica hiperactiva o una introvertida. Puedo elegir tener la apariencia de la chancona desde hoy, o de la chonguera amiga de todos. Puedo elegir con quien juntarme o excluirme y dedicarme solo a mi misma. Nadie me conoce, nadie sabe mi pasado, nadie sabe quien soy. Puedo mentir, puedo decir la verdad, puedo exagerar. Después de que yo misma me impresione por las infinidades de opciones que uno puede escoger cuando uno comienza una nueva vida, elegí: elegí la mejor opción de todas, ser más yo que nunca. Una de las grandes razones de las que por cual ingresé a la PUCP, fue porque me parece un pequeño universo tan diverso. Me encanta la diversidad, me encanta ser tan yo y encontrar a esos otros que sean tan ellos, influenciados por la sociedad, colegio, familia, etc. pero tan esponjas como yo, que sin saber o sabiendo, se les avecina el gran cambio, ese cambio de ideas o profundización de ideas, pero con la diferencia que ahora podrían tener un fundamento. He ahí donde se inicía lo que yo llamaría arte: gente diversa, gente con diferentes ideas, estilos de vida y diferentes porques; pero listos para defender sus creencias o para mejorarlas con otras.

Al final, puedes elegir todo lo que quieras, puedes ser un camaleón, pero en esencia eres el mismo. El gran cambio, después de todo no es un GRAN cambio. Al contrario, pones tu esencia en un campo de batalla y te sumerges más en ella.

El primer día ví en mi primera clase lo que quería ver: yo, de un colegio ex-pituco y ahora de todas las sangres; otras chicas de colegios como el mío, chicas de colegios de sector A, chicos del los mejores colegios del país (refiriéndome en educación), chicas de colegios particulares desconocidos, chicos de colegios estatales, chicos de colegios "pitucos" pero tan sencillos que cuando los veías nisiquiera podías deducir de qué colegio venían, chicos totalmente clasistas provenientes de colegios religiosos de un solo sexo, chicos que se querían escapar de su burbuja urgentemente camuflándose entre todos, chicas que querían parecer de colegios "bien" cuando provenían de los colegios particulares desconocidos, chicos que era la enécima vez que intentaban ingresar y la hicieron y ya habían perdido por completo su identidad escolar, entre tantos más.

A algunos los veía tan ensimismados con sus parecidos, otros camuflados (por ejemplo, yo), pero lo gracioso era que en unas semanas o en el peor de los casos, para el segundo ciclo, todos estarían mezclados con todos y leones, llamas, serpientes, osos y gallitos de las rocas comerán del mismo plato de chanfainita.

No voy a negar que hice amigos más rápido de lo que pensé. Digo con orgullo que cada día que voy ahí, más alla de las clases, aprendo demasiado. Tampoco negaré que he conocido a gente que vale la pena mantenerlas para toda la vida con tan solo haberlas conocido tres semanas. Ese tipo de gente que jamás creía que conocería pero en mi subconsciente estaba presente el deseo de que algun día encontraría a gente así y que ellos se sentirían en las mismas condiciones.

Génesis, renacimiento, ratificación. Comienzo desde 0 pero soy yo misma, y más yo que nunca. Esto recien empieza, y soy un libro abierto, una esponja dispuesta a aprender todo, pero a defender las cosas que vagamente pienso que son correctas, porque en el fondo para mi, no hay una verdad absoluta con tanta diversidad.

El verdadero show comienza, la verdadera batalla comienza, la vida inicia, MI vida. Ahora más que nunca hay que caminar sin parar y decir para mi misma sin titubear "Carpe diem".



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